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Noticias de fuentes RSS · Clasificación automáticaÚltima recopilación: 25/09/2026 10:05 UTC

Geopolítica verde · La Nación Argentina

Alejo García Pintos: es parte de un suceso, dirige un teatro con “presencias” inquietantes y recibió amenazas por su rol más recordado

25/09/2026 09:00 UTC

Medio: La Nación Argentina · lanacion.com.ar · País del medio: Argentina

EXTRACTO DEL FEED · ATRIBUIDO AL MEDIO

La trayectoria profesional de Alejo García Pintos no es predecible. Desde sus primeros trabajos, el actor expuso su ductilidad para abordar la máscara dramática de la actuación y el compromiso de los materiales que asumió.

Con casi 20 años rodó La noche de los lápices, un clásico contemporáneo del cine nacional estrenado hace cuatro décadas y que recuerda un hecho luctuoso de la historia política y social de nuestro país acontecido medio siglo atrás, el 16 de septiembre de 1976.

Sin embargo, la comedia, esa otra faz inexcusable, también le resulta afín. De hecho, es uno de los protagonistas de Una Navidad de mierda, uno de los grandes éxitos de las dos últimas temporadas del teatro porteño, donde se luce junto a un elenco encabezado por Verónica Llinás en la sala del Teatro Premier.

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En simultáneo a sus trabajos actorales, se formó en el ámbito de la gestión cultural, conocimientos que hoy le permiten ejercer el rol de director del Teatro Coliseo Podestá de La Plata, una de las salas más bonitas del país y con una historia que arranca con la fundación misma de la escena rioplatense de la mano de la familia Podestá y que acaba de ser reconocida por el Premio Teatro del Mundo que entrega la Universidad de Buenos Aires y cuyo jurado es coordinado por el Dr. Jorge Dubatti.

Además, es uno de los actores fundacionales del ciclo Teatro x la Identidad, organizado por Abuelas de Plaza de Mayo. “Comenzamos para hacer un par de funciones y nos quedamos varios meses a sala llena”, rememora.

Recibe a LA NACION en su departamento de Villa Urquiza, un refugio capitalino cuando no pernocta en La Plata, la ciudad donde nació hace casi 60 años y en la que germinó su fervor por Gimnasia y Esgrima, “tripero” de pura cepa.

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La comedia

Reír o no reír, esa es la cuestión. Aunque William Shakespeare no se planteó tal dilema, bien podría caberle a Alejo García Pintos, quien se luce en la pieza Una Navidad de mierda.

“Me encanta la comedia”, se enorgullece el actor, a quien se lo percibe sumamente cómodo en el rol interpretando a un pater familias antihéroe en el marco de una familia de vínculos patológicos. Tomás Fonzi y Anita Gutiérrez, junto a la mencionada Verónica Llinás, completan el compacto elenco que timonea la pieza.

“La gente empatiza mucho con este pobre hombre castigado, que apela a todas las terapias alternativas posibles y padece a esa esposa virulenta; la obra es una suerte de Los Simpsons al modo argentino”, define.

Una familia en las vísperas de la Navidad. Una hija que llega para presentar a su novia. La resistencia de sus padres y una sucesión de malos entendidos en una trama que ubica algunos temas sumamente actuales en un contexto desbordado. La parábola de Una Navidad de mierda también permite pensar en algunas confrontaciones generacionales.

“Cuando Carlos Rottemberg la vio, reconoció que le hizo recordar a lo que sintió cuando vio, por primera vez, Toc Toc”, cuenta. “Me convocaron mucho para interpretar papeles dramáticos, pero me seduce este género que es tan difícil de llevar a cabo”. Indudablemente, los disparadores del drama suelen ser más acotados, a diferencia de lo expansivo de las posibilidades de la comedia y el humor. Está claro que hay tantas formas de ser permeables al humor como seres humanos.

“A pesar de que la figura de Verónica (Llinás) es muy fuerte y omnipresente, se trata de una obra muy coral, un juego de cuatro”, sostiene en torno a la producción de RGB, la compañía de Gustavo Yankelevich. La dirección del material es de la propia Llinás y de Peto Menahem.

-Hace dos años que llenan la sala porteña y han tenido una gran temporada en Punta del Este. ¿A qué atribuís la repercusión de la obra?

-Es muy difícil encontrar una comedia con tantos gags, por eso, jamás descansamos, no sentimos que la obra esté hecha de antemano, siempre le vamos encontrando la forma de hacerla crecer; somos muy meticulosos, nada está automatizado. No podés relajarte, porque, si te pasás de tono, te convertís en un mamarracho y, por otra parte, el público no se termina sorprendiendo. Carlos Gandolfo decía: “El día que pierdas la capacidad de sorpresa, estás muerto como actor”.

-En un contexto económico hostil para mucha gente, ¿a qué atribuís el suceso del espectáculo?

-Estamos bendecidos. ¿Quién no desea participar de una experiencia donde te garantizan pasarla bien durante una hora y media? No es casual que, en este momento, las diez obras más vistas de Buenos Aires sean comedias o musicales.

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Durante el verano, el material no viajará a los centros turísticos, sino que continuará su temporada en el Premier.

El recuerdo más sentido

Que la producción de Una Navidad de mierda pertenezca a Gustavo Yankelevich, no es algo novedoso para el actor, quien ha trabajado en reiteradas ocasiones tanto con el productor como con Cris Morena, su exesposa, y los hijos de la pareja, Tomás Yankelevich y Romina Yan.

“Tengo un vínculo personal muy estrecho con toda esa familia, los quiero, me han dado mucho trabajo. Trabajé un montón con Cris y fui muy amigo de Romina”.

-¿Aparece en tus pensamientos?

-La siento muy cerca, hay una energía que me lleva a pensarla. Seguramente tiene que ver con que nuestra obra la produce Gustavo (Yankelevich). Muchas veces miro al cielo de noche y observar alguna estrella me lleva a pensar en Romina (Yan). Nos queríamos mucho. Tenía muy pocos amigos del medio, yo era uno de los que iba a comer a su casa.

García Pintos se emociona al recordar el proyecto que la prematura muerte de su amiga dejó inconcluso: “Era un programa infantil que se iba a llamar La casa disparate”.

Romina Yan falleció durante la tarde del 28 de septiembre de 2010 en San Isidro. El actor recuerda que la noticia se la comunicó su madre: “Me llamó…

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