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Noticias de fuentes RSS · Clasificación automáticaÚltima recopilación: 25/09/2026 07:10 UTC

Economía · La Nación Argentina

La madre de Wanda y Zaira. Nora Colosimo: el amor que nació en Tinder, el stripper que le mandó su hija y la revancha que le dio la vida

25/09/2026 06:00 UTC

Medio: La Nación Argentina · lanacion.com.ar · País del medio: Argentina

EXTRACTO DEL FEED · ATRIBUIDO AL MEDIO

Lo suyo era estar detrás. Durante más de cuatro décadas, Nora Colosimo (62) parecía tener su historia escrita en la trinchera del bajo perfil, acompañando los hitos de las carreras de sus hijas, Wanda (39) y Zaira Nara (38). Sin embargo, el destino le tenía preparado un giro: se convirtió en panelista de televisión, streamer y tiene ofertas para debutar en teatro. En menos de dos meses, pasó de nada a todo y sin escalas. “Por años me escondí. Estaba guardadita”, dice, divertida, mientras posa para ¡HOLA! Argentina con la naturalidad de quien lo ha hecho toda la vida. Y un poco sí, porque ella, que es la segunda de cuatro hermanos que nacieron en el barrio porteño de Saavedra y se mudaron a San Isidro, ya había pasado por el mundo de la actuación y la publicidad. Espontánea, locuaz y afectuosa, cuenta: “Cuando era joven, entre mis 18 y los 20 años, hacía comerciales. Todo muy tranquilo –nada de lencería… era muy tímida–. Pero duró poco porque conocí al papá [Andrés Nara] de las chicas y él me dijo: ‘Tu carrera o yo’”.

–Y te dedicaste a tu casa...

–Él quería que, cuando volviera del trabajo, yo estuviera ahí. No voy a echarle la culpa: yo acepté las reglas del juego. Me casé en María Madre de la Iglesia, en la Ruta 197, donde se habían casado mis primos grandes, a seis meses de haberlo conocido a Andrés y con conciencia de lo que hacía. Era otra época. Te aviso que yo las metí en esto: desde sus primeros comerciales de yogurcitos, fui yo quien las acompañó. Mientras el papá estaba en su mundo, me ocupaba de todo: las ayudaba a vestirse, iba a las reuniones de padres y las llevaba a los castings sin que tuvieran faltas en el colegio. Mi rol fue ser apoyo, estar. A mis dos hijas por igual, les dediqué los mejores años de mi vida. Quise ayudarlas a crecer y a brillar.

–¿Quién de tus hijas se parece más a vos?

–Ahora las veo cada vez más parecidas a mí, pero cada una con su estilo. Ellas también se ven parecidas a mí: “Acá estoy muy mamá”, dicen. Ellas son mi mayor orgullo. Heredaron los valores que a mí me transmitieron mis padres. Son educadas, trabajadoras y muy compañeras entre sí. “Necesito un hombre que me mire como Wanda”, posteó Zaira en sus redes. Eso se logra hablando y hablando. Insistí mucho para que fueran unidas: “Un día no voy a estar más. Quiero que se cuiden, que sean socias en la vida”, les decía. Cuando Zaira cobró por su primer trabajo importante, le sugerí que compartiera un monto que ella considerara con Wanda: “El trabajo es un sube y baja, y está bueno que sean socias, que se ayuden”.

–¿Cómo se organizó el tema de la plata?

–Soy cero materialista. Para mí la plata es un medio y, si llega a romper una familia, te das cuenta de que no sirve para nada. ”Al dinero que ganaban ellas, lo resguardé: abrí una cuenta en el banco y se los manejé hasta la mayoría de edad. Después fui apoderada legal: cuando Wanda se casó y se fue a Rusia, yo me encargaba de pagar las cuentas de su departamento de soltera. Cuando Zaira puso un local en Las Cañitas lo puso a mi nombre. A las dos les cuidé el dinero y jamás les pedí un peso. Si me hubiera faltado algo, sé que habrían cuidado mi espalda. Son dos ángeles.

–¿Cómo te las arreglabas?

–Después de separarme, quedé en menos cero. ¿Qué podía hacer? Mi primer trabajo había sido como vendedora de ropa y también había trabajado con mi papá [Carlos Alberto Colosimo], vendiendo seguros de sepelios. Entonces, empecé a vender ropa: armé un showroom. Mis vecinas y mis amigas me bancaron. Wanda me regaló este departamento viendo todo lo que me pasó, lo desprotegida que había quedado económicamente tras separarme del papá. Lo compró diez años atrás, para mi cumpleaños. Y lo hizo desde Italia, donde vivía entonces, y mandó llenarlo de globos… y contrató a un stripper.

–¿Lo decoraste vos?

–Cuando Wanda me lo compró aún estaba sin revocar. Lo decoré con mi estilo, que es el mismo que compartimos con Wanda y Zaira, con paredes blancas… Tiene pocos metros, pero yo no necesito más. “No tengo todo lo que quiero, pero amo todo lo que tengo”, decía mi papá; yo creo eso también. Tiene el tamaño ideal para mí: si las chicas me llaman para que las ayude, lo arreglo en cinco minutos, armo un carry-on y me voy. Las tres somos fanáticas del orden y de la limpieza; yo lo heredé de mi mamá, que era tremenda: nos hacía caminar con patines para no rayar los pisos, nos perseguía si se te caían miguitas al piso. ¡Yo terminé heredando eso y se los heredé a las chicas! [Se ríe]. Si abrís nuestras alacenas o cajones de nuestras casas, podés ver cómo somos las tres.

–¿Te gusta cocinar?

–¡Obvio! Cuando me casé, a los 20 años, no sabía hacer ni una sopa, pero fui aprendiendo. ¿Viste la torta invertida de manzana que nombra Wanda en MasterChef? La hacía mi mamá, Rosa, que fue una genia: madraza, compañera, cariñosa y buena cocinera. Y tengo una receta para hacer pollo con pesto que me enseñó mi papá que es una locura. Cocino sano y armo tuppers para almorzar con Valentino, que viene los mediodías después de entrenar en River Plate. Valu viene porque quiere. ¿Sabés lo lindo que es que tu nieto, teniendo un restaurante en el edificio en donde vive, te elija? Soy cariñosa e intensa como abuela como lo soy como mamá. Soy tan intensa que más de una vez mis hijas me mandaron al psicólogo. ¡Creo que no lo voy a cambiar! [Se ríe]. Sé que, cuando me dicen “Mami, ¡qué metida!” lo dicen con amor. Y así como no tengo hijas preferidas, no tengo nietos preferidos. Los…

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